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Estudio de cabida en Grasshopper: volumen verde válido entre sombras proyectadas, con el solver Galápagos convergiendo
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Arquitectura paramétrica: las reglas que ya estabas usando

No se trata de fachadas curvas. Cinco algoritmos que dejé de correr a mano, y por qué el término es ocho años más viejo que “inteligencia artificial”.

Cuando decides que una columna va cada dos metros, o que cinco pilares se reparten uniformemente en quince, ya estás diseñando de forma paramétrica. No hiciste una curva imposible ni corriste una simulación: aplicaste una regla a un número. Eso es todo lo que hay debajo de la palabra.

El problema es que “paramétrico” se volvió sinónimo de fachada retorcida. Uno lo escucha y piensa en Zaha Hadid, en BIG, en Gehry; o en el otro extremo, en estudios de radiación solar llenos de manchas de colores. Ambas cosas existen y están bien, pero se comieron el término. Lo que quiero contar acá es lo otro: que la mayoría de las decisiones que tomamos en arquitectura son reglas, datos y parámetros, y que cuando las escribes como tales dejas de hacerlas a mano.

Ritmo, proporción y números

Hay algo que me tomó años entender: muchas veces algo nos gusta y no sabemos por qué. Decimos que tiene buena proporción, que tiene ritmo, que “se ve bien”. Detrás de esas palabras hay números. La distancia entre elementos, la relación entre lleno y vacío, la repetición y su quiebre. El ojo entrenado los detecta sin calcularlos, pero están.

Reconocerlo no le quita nada al oficio. Al contrario: si el criterio se puede escribir, se puede probar mil veces en el tiempo que antes tomaba probarlo una.

Esto no es nuevo. Nació junto con la IA

Acá viene el dato que más me sorprendió cuando lo fui a buscar. Se habla de la arquitectura paramétrica como si fuera la última moda tecnológica, empujada por la ola de la IA. Los años dicen otra cosa.

HitoAño
Luigi Moretti acuña el término “architettura parametrica”1947
Se acuña “inteligencia artificial”, en la propuesta del taller de Dartmouth1955
El taller de Dartmouth funda el campo de la IA1956
Moretti presenta estadios paramétricos calculados en un IBM 610, XII Trienal de Milán1960
David Rutten publica Grasshopper, entonces llamado Explicit History2007

Moretti llamó “arquitectura paramétrica” a su método ocho años antes de que existiera la expresión “inteligencia artificial”. Y en 1960 ya estaba resolviendo la forma de un estadio con un computador IBM, definiendo parámetros y dejando que la máquina calculara las consecuencias. Es exactamente lo que hacemos hoy, con más ciclos de reloj y mejores pantallas.

No estamos inventando una forma de diseñar. Estamos volviendo a una que nació hace setenta años y nunca tuvo el computador que necesitaba.

Qué es Grasshopper, para quien no lo conoce

Grasshopper es un entorno de programación visual que vive dentro de Rhino. En vez de escribir código, conectas componentes con cables: entra un número, sale una geometría. Lo publicó David Rutten en septiembre de 2007 y hoy viene incluido con Rhino.

La gracia no es el dibujo, es la relación. Si defines que las columnas se reparten cada dos metros a lo largo de una línea, cuando alargas la línea las columnas se recalculan solas. No mueves objetos: mueves la regla que los produce.

Repetir cada X metros: acá son líneas, pero funciona igual con pilares, muros o butacas.

Este ejemplo lo armé hace años etiquetando una plantilla, por eso son líneas. La lógica es idéntica para una columna cada dos metros o para las butacas de un auditorio.

Cinco cosas que dejé de hacer a mano

Renumerar puertas en un modelo BIM

Los IDs salen del modelo, pasan por el algoritmo y vuelven renumerados.

Imagina un edificio con cientos de puertas. El cliente pide una más en un piso intermedio y, de golpe, la P20 pasa a ser P21, la P21 a P22, y así hasta el final. O peor: el especialista avisa que la nomenclatura no era P sino D. ¿Vas a entrar una por una?

Es una decisión basada en reglas, así que puede ser automática. Se extraen los datos del modelo, se pasan por el algoritmo con la regla nueva y vuelven reescritos. Lo que tomaba una tarde tediosa —y garantizaba errores— toma el tiempo de exportar y volver a importar.

Rotular y acotar planos

Etiquetas y cotas generadas desde la misma geometría que describen.

Los elementos generados o existentes se pueden etiquetar y acotar solos. Rotular planos a mano es algo que no deberíamos estar haciendo desde hace al menos una década, y sin embargo se sigue haciendo en la mayoría de las oficinas.

Buscar la volumetría máxima de un terreno

Miles de volúmenes evaluados por constructibilidad, distanciamientos y sombra. El verde es el que sobrevive.

Este es mi favorito. El algoritmo compara miles de edificios posibles y descarta los que no cumplen: ocupación de suelo, distanciamientos, sombra proyectada sobre los vecinos. Lo que queda es el volumen que maximiza la constructibilidad respetando todas las reglas. Ocurre en segundos.

El motor detrás es Galápagos, el solver evolutivo que Rutten incluyó en Grasshopper: prueba combinaciones, se queda con las mejores, las cruza entre sí y repite. Un algoritmo genético, con el mismo principio que la selección natural. La franja naranja que se ve en el video es la población de soluciones convergiendo.

Y acá va una opinión. Una hoja en blanco puede ser aterradora: es un salto al vacío, ¿por dónde parto? Tener una base cimentada en datos no te quita la creatividad, te la suelta. Vivimos en un mundo de reglas; es mejor usarlas a favor que chocar contra ellas. El volumen que sale de acá no es el proyecto: es el punto de partida que te ahorra la semana de tanteo.

Subdividir un terreno

Miles de subdivisiones comparadas para quedarse con las mejores.

Las reglas suelen ser claras: necesito X lotes resultantes, cada uno idealmente de tantas hectáreas en promedio, con un frente predial no menor a tantos metros y un fondo no mayor a tantos otros. Todas condiciones numéricas. El algoritmo genera miles de combinaciones y me deja mostrarle al cliente las mejores, no la única que alcancé a dibujar.

Es lo más parecido a lo que hace Doctor Strange cuando revisa millones de futuros posibles antes de elegir uno. La diferencia es que a él le tomó horas y acá son segundos, y que los futuros son loteos.

¿La IA va a reemplazar a los arquitectos?

Me lo preguntan seguido y mi respuesta es un no rotundo. Ya pasamos por esto con el BIM, y antes con el CAD. Cada vez que apareció una herramienta que automatizaba parte del trabajo, lo que desapareció fue la parte mecánica, no el criterio.

Y si vamos a usar la analogía de Iron Man: ¿acaso Jarvis reemplazaba a Tony Stark? Jarvis modelaba, calculaba y probaba; Tony decidía. Estamos entrando en la época en que un arquitecto va a poder pedir un edificio con ciertas condiciones, verlo aparecer, y cambiarlo hablando. Eso no nos borra: nos devuelve a la silla del arquitecto.

Porque seamos honestos sobre en qué se nos va el día. Renumerar puertas, rotular planos, ajustar cotas, redibujar la misma planta por décima vez. Nada de eso es arquitectura: es dibujo técnico. Poder soltarlo significa tomar decisiones mientras diseñamos, no solo en obra cuando ya es tarde para cambiar.

Lo que viene: diseñar con datos

A esta forma de trabajar la llamo Data Driven Design, y es lo que desarrollo en el siguiente artículo. La idea corta: si las decisiones se apoyan en datos y reglas explícitas, el diseño deja de ser una defensa de gustos y pasa a ser una conversación sobre criterios.

Plugins, software, agentes, modelos de IA. Todos son la misma cosa vista desde ángulos distintos: herramientas que hacen lo que les pedimos, siempre que sepamos pedirlo. Si entendemos cómo modificar nuestra forma de pensar para hablar el mismo idioma que ellas, llegamos a lugares que antes no parecían posibles.

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